Cómo hacer lo correcto | Te explico el proceso con los "árboles de decisión"


Cómo hacer lo correcto | Te explico el proceso con los

"Señor sastre, quiero que me confeccione un traje idéntico a mí… Ni muy ancho ni muy estrecho... A la medida"


¿Qué es una medida?

De acuerdo con el Diccionario de la lengua, de su majestad, la Real Academia Española, “soberana policía del idioma”, “medida” se refiere a disposición o prevención, y hasta a prudencia. Nada más consultar el buscador de palabras uno se encuentra con acepciones o significados del lenguaje jurídico; por ahora no me interesa hablar de estos últimos; conviene mejor recordar un poco la historia dominicana.

Cuando en el lejano año de 1606 el gobernador de la isla La Española –hoy Santo Domingo–, Antonio Osorio procedió a despoblar la banda noroeste del territorio no hizo otra cosa que tomar medidas. El contrabando y la actividad de los piratas azotaban las finanzas coloniales. Y mientras crecían los cofres de los Jack Sparrow (si no has visto la saga Piratas del Caribe, hazlo en cuanto puedas), a la monarquía le costaba mantenerse a flote. Como consecuencia de este dolor de cabeza se tuvo que hacer caso a un consejero poco tolerante, el eclesiástico Baltazar López de Castro… Y el resto es historia… “Recojan las reses, nos vamos para el oriente”.

Viajemos en el tiempo: piensa en marzo del año 2020, cuando se declaró la pandemia mundial por el coronavirus Sars-Cov-2 ¿Qué sucedió? Hubo que tomar medidas. Tal y como hace 4 siglos Osorio mudó a la gente con todo y vacas hacia el este del país, para vivir en la histórica provincia de Monte Plata y su emblemático municipio Bayagüana, en el mundo globalizado e hiperconectado del siglo XXI se dictaron medidas sigiuendo el mismo proceso lógico: abordar de frente un problema, tomando en cuenta hechos. Se decretó el uso mundial de mascarilla, lavado de manos, distanciamiento y cierre de establecimientos de concentración masiva... Y la gente hizo lo propio: empezó el saludo con los codos, todos llevando consigo frascos con alcohol... (Bueno, ni te lo recuerdo).

Entonces, ¿te estoy diciendo que eso de “tomar medidas” o “decisiones” es una idea general que está implícita dondequiera? ¡Correcto! Lo sabe muy bien la psicología: los humanos vivimos rumiando decisiones a cada segundo. ¿Me pongo un par de medias rojas o mejor blancas? ¿Baño el perro hoy o lo dejo para mañana?

Los problemas humanos son como una pared invisible; golpea a pesar de nuestra ilusión de transparencia. ¿O acaso tú nos has visto como luchan los insectos voladores con el cristal? Vas conduciendo por la calle y alguna mosca se embate con ese obstáculo invisible. No hay más que la imagen engañosa del horizonte, mientras la mosca cree que no hay nada entre su camino y el ambiente que se muestra; se equivoca: existe un objeto que ella no podrá atravesar por más que lo intente.

La comparación encaja a la perfección con esto que te cuento. Por un lado, los problemas tampoco son cuerpos que podamos palpar; podríamos equivocarnos al creer que no están allí. Por el otro lado, puede suceder que, dado lo abstracto o poco claro del asunto no seamos capaces de encontrar la manera de abordarlo.

Tomamos decisiones sin detenernos: muchas, pocas, relevantes e irrelevantes. Ni siquiera pensamos en las consecuencias de todas… No ponemos esfuerzo en evaluar cómo sería el desenlace de adoptar una opción rutinaria determinada, ya que tal esfuerzo implicaría profundizar sin necesidad en una cuestión trivial.

¿Acaso procedemos de la misma forma cuando se trata de decisiones más importantes? ¿Con qué frecuencia? ¿Cuáles decisiones requerirían ese estudio previo que no tenemos presente con acciones de rutina? Las esferas de decisión más importantes para los humanos son: la libertad y el patrimonio… Sin dudas… Desde el Derecho: todo abogado trabaja administrando sus esfuerzos en ambos renglones.

La mitad de nuestras decisiones tiene que ver con dinero; la otra mitad se sirve de él para recibir impulso


Tratándose de nuestros patrimonio (nuestros bienes), cuando debemos dinero alguien puede venir y forzarnos a venderlos porque hay que pagar: incluso entrar al interior de nuestra vivienda llevándose algo de valor. En el terreno de la libertad, en un escenario menos alentador, ese sujeto a quien le debemos podría hacerse acompañar de agentes de la policía y sorprendernos con un arresto. ¡Nadie desea eso! Pero, lamentablemente, esas cosas suceden.

Sigo haciéndote preguntas ¿Cómo concibes la libertad? ¿Has jugado Grand Theft Auto? ¿Te suena familiar Free Fire? Los videojuegos no son entretenimiento y nada más; los más jóvenes lo saben muy bien, pues crecieron con ellos y hoy que son adultos no están dispuestos a abandonarlos.

Sin importar cuántos años tengas echa un vistazo: descarga alguno en App Store, Google Play o una consola y entenderás cómo se aplican estas nociones a los mundos virtuales…

Te será bastante fácil de comprender; después de todo la virtualidad es parte de nuestros inventos: recuerda que los humanos trasladamos al arte las experiencias, sentimientos y emociones… aún desde la llamada “ciencia ficción”, que más temprano que tarde se hace sentir en la realidad. 

Los videojuegos recrean parte de las experiencias de nuestra realidad. Pon atención a los acontecimientos cotidianos y entenderás el juego del Estado y los derechos


Así que ahí estas: un jugador moviéndose por el terreno con opciones en el control de mando. Puedes saltar, volar, hacer A, B, C o D: tus posibilidades son más o menos amplias. Ahora ¿adivinas? La vida también responde a un programa. ¿Quién lo ha creado? Nuestra civilización: la sociedad y el Estado. ¿Algún ejemplo? Que puedas tener dinero o que puedas ser dueño de una casa son opciones permitidas por ese proceso de "programación". 

Luego, el “programa” que determina nuestros pasos por la existencia también admite que podamos juzgar; decir que estamos “bien o mal”, “seguros o inseguros”, “ricos o pobres” (los contrarios nunca se acaban); hacemos valoraciones todo el tiempo. Como te hablaba en el artículo anterior a este y que puedes leer aquí verás que esto tiene sus implicaciones: algunas resultan de la acción ajena y otras de nuestra propia acción… En fin, en estas radica la cuestión de las “medidas” con que empecé este post: toda decisión es una medida que afecta –desde el punto de vista jurídico, no lo olvidemos– nuestro patrimonio (bienes) y nuestra libertad (hacer y no hacer lo que queremos).

La clave de las buenas decisiones, de las buenas medidas, consiste en la planificación. No te extrañes si la encuentras como sinónimo de “programación” (piensa: si la humanidad y el Estado programan ¿No puedo yo también "programar" para mí mismo/a?). Cuanto mejor sea nuestra capacidad de elaborar buenas decisiones, mejores serán nuestros resultados, en cualquier aspecto… Obvio, aquí nos interesan las decisiones jurídicas: repito, las decisiones que impactan de forma directa en la integridad de nuestro patrimonio y nuestros libertad… recuérdalos, son las dos columnas que sostienen a los individuos y a las organizaciones.

1) Libertad → 2) Patrimonio → 3) Planificación → 4) Decisión - Las 4 nociones fundamentales que completan el ciclo del buen análisis jurídico

El objetivo es aprender a estar en posición de tomar las mejores opciones que tenemos sobre la mesa… No es posible ser perfectos, y ese no es el plan, pero sí podemos elegir cómo vamos a actuar; así tendremos todo el derecho a decir “Hice lo mejor que pude”; ya sabes que "cada quien hace lo que puede con lo tiene". 


Antes de irme, quiero mostrarte una herramienta muy útil y sencilla para tomar buenas decisiones: los árboles de decisión. Hace unos años que aprendí esta técnica en el libro Negociar, una ruta hacia el éxito, del experto norteamericano George Siedel; me volví a topar con la técnica gráfica precisamente estudiando sobre consultoría jurídica. En ese momento no me quedó duda de que el abogado era en el fondo un asistente para la toma de decisiones, no un simple repetidor de leyes. Mira un ejemplo: cada cuadro es un hecho (una razón).

Saber decir sí o no requiere evaluar razones y asignarles importancia. Haz una escala del 1 al 5 y asigna valores a cada razón; te será más fácil distinguir lo "correcto" de lo "incorrecto"

Después de ver el árbol de decisión ¿te pondrás medias rojas o no? (Por cierto, soy fan de los Red Sox de Boston, quizá por eso se me ocurrió el ejemplillo 😅).

Sé que parece una decisión trivial… no obstante, a las decisiones más complejas también se llega con un esquema como este. Lo importante, por ahora, no es lo que vayamos a decidir, sino la forma de organizar los hechos, nuestros motivos y, por supuesto, las normas: qué podemos hacer y qué no. 

La decisión jurídica se trabaja con puntualidad a partir de esas razones que nos nos son impuestas (las de las leyes y la autoridad). Claro está, se hace un análisis partiendo de otros hechos: personales, económicos, sociales, políticos... Pensamiento complejo, pero ya ese es tema de otra oportunidad.

Luego, tendremos que llevar a cabo un proceso reflexivo para poner toda nuestra información sobre el papel: evaluar cada razón para saber cuál es la mejor alternativa. 

Con grandes cuestiones, como las que se llevan en la consulta con el abogado, esto conllevará mayor tiempo y esfuerzo, según la complejidad del asunto que nos ocupe.

Los abogados y cualquier profesional que ayude a tomar decisiones debería usar árboles de decisión para ver con mayor tino los problemas de sus clientes.


Te invito a que pienses en algunas decisiones que debas tomar muy pronto. Escoge algunas de poca importancia y fíjate en cómo es tu proceso de ordenar hechos para seleccionarlos como buenas o malas razones…

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¡Nos vemos la próxima semana!


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